Al-Qaeda se adjudicó el atentado fallido

By admin, 30 December, 2009, No Comment

Dijo que fue en represalia por los bombardeos en Yemen y amenazó con más ataques; Obama pidió calma a la población, pero admitió fallas de seguridad

La tormenta política que provocó en Estados Unidos el atentado fallido contra un avión de Northwest Airlines comenzó a intensificarse ayer, no sólo por el malestar de miles de pasajeros por los engorrosos controles de seguridad, sino también por la aparición en escena de Al-Qaeda, que se adjudicó el hecho y prometió matar a todos los “cruzados” que trabajen en embajadas de la península Arábiga.

Bajo la lupa opositora, el presidente norteamericano, Barack Obama, interrumpió sus vacaciones en Hawai y, tras reconocer fallas en la seguridad, se comprometió a capturar a todos los responsables.

En un comunicado publicado en Internet, la rama de la red Al-Qaeda (AQAP) en la península Arábiga se adjudicó la responsabilidad del fallido atentado contra el avión que viajaba a Detroit, y explicó que fue en venganza por los bombardeos de Estados Unidos contra el grupo terrorista en Yemen.

“Nuestro hermano, el mártir Umar Farouk Abdulmutallab, ha realizado una operación única a bordo de un avión americano [...]. Con valor, logró romper todas las modernas y sofisticadas tecnologías y puestos de control en todo el mundo [...]; su acto supone un gigantesco golpe al mito de los servicios de inteligencia estadounidenses y globales, y muestra cuán frágiles son sus estructuras”, agregó el mensaje, que también instó a dar muerte a los empleados de embajadas occidentales en la región como parte de una “guerra total contra los cruzados”.

Tras pedir calma a la población, Obama prometió hallar a todos los responsables del fallido intento de derribar un avión con 300 personas a bordo y anunció nuevas medidas de seguridad (ver aparte). “No descansaremos hasta que encontremos a todos los involucrados”, dijo Obama, que en su discurso intentó asegurar a los estadounidenses que su gobierno está haciendo todo lo posible para mejorar la seguridad después del incidente.

“Este intento [de atentado] sirve para recordarnos la grave amenaza contra nuestro país”, agregó Obama, que también anunció que ha ordenado una revisión completa de los sistemas de seguridad para determinar qué errores se cometieron.

Fue la primera declaración pública sobre el tema de Obama, que está bajo presión de los republicanos, que criticaron su respuesta al intento de ataque y advirtieron que su gobierno no está haciendo lo suficiente por contener las amenazas a la seguridad.

La Casa Blanca admitió ayer que el incidente del día de Navidad representó una falla de la seguridad del transporte aéreo. La secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, que durante el fin de semana había defendido los controles, ayer dio un paso atrás y reconoció que la seguridad “falló miserablemente”.

“Nuestro sistema no funcionó en este caso. Nadie está contento o satisfecho con ello”, dijo Napolitano.

Algunos legisladores están alarmados por el hecho de que, ocho años después de los ataques del 11 de Septiembre, las medidas de seguridad no sean capaces de frenar a los terroristas suicidas.

Por ese motivo, el Congreso decidió convocar para enero unas audiencias para analizar las fallas en la seguridad aérea. La medida fue propuesta por el presidente del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, Joe Lieberman, y la republicana de mayor rango, Susan Collins, dos de los que han mostrado preocupación por las “vulnerabilidades” del sistema.

Entre otros puntos, se ha cuestionado por qué los sistemas de seguridad del aeropuerto no detectaron el pentaeritritol (PETN), el material explosivo usado por el terrorista. Napolitano explicó ayer que no todos los aeropuertos cuentan aún con los sistemas más avanzados.

http://www.lanacion.com.ar/

Siempre, a partir del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, Occidente ha sido perseguido por el espectro de una repetición de los sucesos.

El día de Navidad, una fecha que seguramente no fue elegida al azar, ese segundo ataque estuvo a punto de tener éxito. Sólo la combinación de las acciones torpes de Umar Farouk Abdulmutallab y la valentía de los pasajeros y la tripulación del vuelo 253 de Northwest evitaron el intento de derribar el Airbus A330 y a sus 278 pasajeros cuando volaba sobre la ciudad de Detroit.

Si el complot hubiese tenido éxito, Abdulmutallab hubiera logrado hacer realidad la suma de todos los miedos posteriores al 11-S¬.

Las consecuencias habrían sido desastrosas. Aquellos pasajeros que estaban a bordo del vuelo 253 de Northwest no son los únicos que lograron escapar a la tragedia por un margen muy angosto.

Sin embargo, la diferencia más notoria entre el 11-S y el complot de Navidad es que el primero fue llevado a cabo dentro de las fronteras estadunidenses, mientras que el segundo —como una cantidad de operaciones desde el 11-S— no lo fue.

La inferencia es que los terroristas, sean o no del grupo extremista Al Qaeda, actualmente no pueden montar operaciones dentro del territorio de Estados Unidos y se ven limitados a los ataques a dicho país montados desde el exterior.

El modo de operación escogido por los terroristas reduce, por lo tanto, su habilidad para describirse como puramente antiestadunidenses. Cada vez más, dejan en claro que están indiscriminadamente en guerra con el mundo en general.

De acuerdo a como están las cosas, el mundo se enfrenta ahora a una pregunta que sigue siendo inmensa: ¿cómo fue que Abdulmutallab llegó tan cerca de lograr su cometido?

La respuesta principal es que las medidas físicas de seguridad de la industria aérea no eran suficientes. Abdulmutallab pudo llevar consigo hasta el avión de Northwest cantidades suficientes de PETN, un explosivo militar muy conocido, sin que las revisiones de seguridad revelaran lo que planeaba.

La seguridad aeroportuaria en Lagos (Nigeria) y Ámsterdam (Holanda) fallaron. Ya se han establecido nuevas restricciones a los pasajeros —restricciones de equipaje, revisiones más íntimas, controles del movimiento de pasajeros en vuelo, entre éstas. Seguramente se implantarán otras nuevas.

El problema decembrino de las aerolíneas y sus sufrientes pasajeros, que ya era lo suficientemente malo a causa de la recesión, las huelgas y el mal tiempo, repentinamente empeoró mucho. ¿Quién volaría a Estados Unidos ahora, si no tiene la obligación o la necesidad de hacerlo?

Pero Abdulmutallab también se deslizó por entre la red de vigilantes profesionales antiterrorismo. Las autoridades ya conocían a este más reciente niño rico terrorista —que recuerda a Bin Laden— desde hace dos años.

Se dice que había estado en una lista de más de medio millón de personas con conexiones con grupos terroristas islamistas radicales. Sin embargo, ninguna de estas autoridades tenía idea de cuán cercanas eran ahora dichas conexiones, y mucho menos de lo que estuvo a segundos de lograr.

En retrospectiva, los vigilantes no fueron lo suficientemente precisos. Sus bases de datos no fueron adecuadamente buenas. Este régimen de vigilancia tiene que ser mejorado, donde sea practicable.

Pero esta no es la primera vez que ha aparecido un hombre bomba de la nada. Lo mismo pasó en los ataques del 7 de julio en la ciudad de Londres, con los coches bombas de 2007 y en el 11-S.

Este último complot confirma que hay más gente allá afuera intentando aterrorizar a los occidentales de lo que puede predecir o controlar el país más fuerte de una sociedad libre.

Dicen los testigos que, cuando fue vencido, Abdulmutallab “estaba gritando sobre Afganistán”. Sin embargo, ver este ataque como algún tipo de acto de venganza por esa guerra sería una simplificación demasiado conveniente.

La historia de la vida de Abdulmutallab, tal como comienza a surgir ahora, parece haber sido en general dirigida por la exposición al islamismo radical maniqueísta en Nigeria, Gran Bretaña y, en particular, en Yemen.

Los químicos explosivos y la jeringa que utilizó en el vuelo 253 de Northwest fueron cosidos a su ropa interior en Yemen.

Los métodos utilizados en el intento de ataque del viernes tienen reminiscencias a un ataque suicida yemení contra el Príncipe Muhammad, el jefe de las operaciones de contraterrorismo saudita, en agosto.

El complot de bomba contra un avión en Navidad no fue logrado gracias a la política occidental en Afganistán.

Occidente podría retirarse mañana de ese país y el peligro continuo que representan los terroristas jihadistas sería tan grande como lo es hoy.

Fuente http://www.milenio.com
The Guardian
Traducción: Franco Cubello

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