La decisión de Obama de aplicar la transparencia informativa tiene un significado profundo. El día uno de su mandato firmó una orden ejecutiva y dos memorandos que anunciaban una “nueva era de apertura”. Revocaba así los cambios de Bush con la Ley de Documentos Presidenciales y propugnaba el fin del secretismo gubernamental prometido en su campaña, basada en Internet.
En EE UU, el acceso a la información está protegido por la Freedom of Information Act, pero es insuficiente en la era digital. Con el arsenal tecnológico disponible, no tiene sentido que el ciudadano sea un simple espectador de lo público, limitado a elegir a sus representantes cada cuatro años. De ahí que el mensaje de Obama marque algo más que distancias sobre su antecesor. Se trata de un cambio en la forma de entender la propiedad de la información pública. Es el primer paso hacia la democracia conectada y transparente que garantice el acceso online a los datos y la participación ciudadana en los proyectos legislativos.
España, sin embargo, está lejos de visualizar esa transformación. Al contrario. Junto a Grecia, es el único país de la UE con más de un millón de habitantes que no regula el acceso a la información. Y eso que el programa electoral del PSOE se comprometía a legislarlo. El ordenamiento jurídico ha incorporado leyes inspiradas en la regresiva Patriot Act de Bush, que suponen un recorte de libertades. Entre ellas, la Ley 25/2007, que permite el almacenamiento de las comunicaciones electrónicas y convierte a todos los ciudadanos en sospechosos o la puesta en marcha del sistema de interceptación de llamadas (Sitel) sin discusión pública. Aquí, como en EE UU, los medios no advirtieron del recorte de libertades que se estaba produciendo a escondidas. Pero gracias a Internet, cada vez es más difícil silenciar lo que no interesa, como las denuncias de la Asociación de Internautas ante el Defensor del Pueblo o la Comisión Europea, que alertaban del uso perverso de la tecnología como sistema de control social.
Paradójicamente, desde 2004 se ha ido restringiendo el ámbito privado (secreto de las comunicaciones, derecho a la información, intimidad) mientras se ampliaban los llamados nuevos derechos (matrimonio homosexual, discriminación positiva, aborto).
Parece que el poder puede saberlo todo de todos. Sin embargo, los ciudadanos no tienen derecho a conocer desde dónde se pinchan las llamadas, cuánto tiempo se guardan las conversaciones, qué medidas de seguridad garantizan su autenticidad, o cómo emplea la SGAE el dinero que recibe del canon, información que el Gobierno denegó en 2008. El peligro aparece allí donde el poder del Ejecutivo se ejerce en secreto (caso Koop, Tribunal Europeo de Derechos Humanos). Es ineludible que la ley garantice el acceso a la información que se encuentra en manos del Gobierno mediante un procedimiento sencillo y rápido, en el que baste con identificarse, sin que sea necesario explicar ni por qué ni para qué se quiere la información.
Opinión *Pedro Martínez García es Fiscal de la Comunidad de Madrid
Fuente www.internautas.org
1984 es el título de una novela política de ficción distópica, escrita por George Orwell entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949. La novela introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano, de la notoria habitación 101, de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua, adaptación del inglés en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, basándose en el principio de que lo que no está en la lengua, no puede ser pensado.


Zapatero y su Hermano y Gran Maestre
Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana. El término orwelliano se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela. La novela fue un éxito en términos de ventas y se ha convertido en uno de los más influyentes libros del siglo XX.
Se la considera como una de las obras cumbre de la trilogía de las antiutopías de principios del siglo XX (también clasificadas como ciencia ficción distópica), junto a la novela de 1932 Un mundo feliz (Brave new world en inglés), de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Algunos consideran a esta novela un plagio de la obra Nosotros escrita por Yevgeni Zamiatin en 1921. Por su parte Orwell reconoció la influencia de la misma en su novela.
En la novela, la sociedad localizada en una futura Inglaterra se encuentra divida en dos grupos, que son los únicos visibles. Los miembros del Partido Único, que viven obnubilados por una completa y atroz represión, y por otro lado una masa de gente extremadamente pobre que vive atemorizada y aislada de la política.
La novela es una descripción analítica de los regímenes totalitarios con un final desolador. El personaje principal es Winston Smith, que trabaja en el Ministerio de la Verdad (uno de los 4 ministerios que hay). Su cometido es reescribir la historia.
Los ministerios son los siguientes:
El Ministerio del Amor (en neolengua Minimor) se ocupa de los castigos y la tortura.

El Ministerio de la Paz (Minipax) se encarga de asuntos relacionados con la guerra y con hacer que ésta sea permanente.

El Ministerio de la Abundancia, (Minindancia) encargado de los asuntos relacionados con la economía y de conseguir que la gente viva siempre al borde de la subsistencia.

El Ministerio de la Verdad, (Miniver) se dedica a manipular o destruir los documentos históricos, para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia, mantenida por el Estado.

Bibliografia Wikipedia.org
realacionados:
http://portalhispano.org/blog/index.php?entry=entry091104-205411





